En diciembre del 2020, en una nota de opinión publicada en El País Diario, ya anticipábamos el fracaso prematuro de Alberto Fernández como presidente de Argentina.
No hacía falta ser Albert Einstein para llegar a una conclusión tan obvia. El final estaba cantado: nadie puede creer que un inútil que se dedicaba a pasear a su perro en las apacibles veredas de Puerto Madero estaría preparado para domar la grave crisis que atravesaba, y aún atraviesa, Argentina.
El Frente de Todos, organizado en torno a una estructura delictiva, sirvió para ganar elecciones pero no para gobernar. Desde el minuto 1 ofrecía evidencias diarias de un fracaso precoz, casi un spoiler inmerecido para una nación con sueños de libertad, mentalidad esclava y realidad ovejuna.
Si bien el estafador Mauricio Macri dejó un país semidestruido, endeudado, con recesión, pobreza y una inflación que ya era alta: 50% interanual, el Tío Beto fue por el podio y disparó todos los indicadores de la economía a niveles inimaginables.
Se puede ser inútil, ineficaz, inepto, pero no tanto, ni todo el tiempo. La epopeya de Fernández tiene su correlato en la ladrona Cristina Kirchner, quien lo postuló como compañero de fórmula en un episodio casi de ficción, donde la candidata a vice elegía al candidato a presidente, dejando al descubierto, desde el arranque, una ausencia de liderazgo pocas veces vista en un presidente argentino.
Ya en diciembre del 2020, hace años, decíamos que "el Tío Beto, un constitucionalista que está cada vez más lejos del pueblo y más cerca del kirchnerismo de Cristina, se desvanece en la pálida sombra de un fracaso prematuro y un destino de olvido".
Y recordábamos que "apenas pasó un año desde que asumió como presidente, y ya sucedieron hechos que marcan la agenda de un político sin poder. Recordarlo es innecesario, y hasta parece un ejercicio que anticipa el fracaso de un Gobierno que se desinfló antes de empezar a cruzar el río".
En octubre del 2020, Cristina había publicado una polémica carta donde dejaba expuesta la ineptitud de Alberto Fernández. La carta era baladí, los argentinos y argentinas se habían dado cuenta de la ineficacia superadora del Tío Beto.
Hoy los números y la situación social no dejan margen de dudas: Fernández se subió al podio y quedará en la historia argentina como el más inútil, el más dañino y el que fracasó prematuramente desde antes de entrar a la cancha.
Con una inflación galopante que trepó arriba del 100% anual, una pobreza superior al 50% y una economía recesiva que no da señales de vida, la situación se pone complicada y la subsistencia de los ciudadanos está siendo amenazada a diario. Sin embargo, para los patriotas del kirchnerismo, la Patria no está en peligro como si lo estuvo en la época del estafador Mauricio Macri.
Se suman otros elementos que permiten comparar a Argentina con un campo minado: Alberto Fernández deja saldo negativo en las reservas en dólares del Banco Central, una tasa de interés altísima, que también superó el 100%, que costará bajar sin que se dispare el dólar blue, y un sector empresarial que se niega a invertir en un país a la deriva.
En sus 4 años como presidente, Fernández acumuló más de 400% de inflación.
Difícilmente puedan bajar del podio al Tío Beto, quien se ha ganado todas las burlas en redes sociales y no ha dado respiro a los diseñadores de memes, quienes no tuvieron descanso en los últimos 4 años.
El Presidente Fernández, ocupa entonces el primer lugar entre los ineptos, un sitio incómodo del que costará sacarlo, aun cuando pasen los años.
Así nos va.
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