Gobierno no podría salir del cepo hasta el 2025: apuestan a bajar la inflación y llevarla al 2% mensual

La nueva fase del plan económico es difusa en Argentina. Por ahora el Gobierno libertario no podría levantar el cepo cambiario. La parte buena es que se lograría una mayor desaceleración de precios. Además, es muy difícil que se logre un desembolso del FMI en el segundo semestre.

La conferencia de prensa del viernes pasado que ofreció el Ministro de Economía, Luis Toto Caputo, y el Presidente del Banco Central, Santiago Bausili, despertó fuertes expectativas.

Si bien habrá que esperar hasta este lunes para conocer la reacción de los mercados, lo más probable es que se prolongue la apatía de las últimas semanas.

La expectativa entre los inversores continúan, pero está claro que ya hace algún tiempo terminó la luna de miel con el nuevo Gobierno.

Bausili se encargó de describir los detalles de la principal medida anunciada: los pasivos remunerados del Central pasan a estar en cabeza del Tesoro y se emitirá una letra de "regulación monetaria" que manejará diariamente el flujo con los bancos.

El dato más importante es que el Banco Central de la República Argentina estaría cerrando así otra canilla de emisión monetaria, que son los intereses de los pases pasivos.

Sin embargo, la deuda no desaparece, solo que en vez de estar en cabeza del Banco Central pasa al Tesoro.

Puesto de otro modo, los bancos serán ahora acreedores del Gobierno y ya no más del Banco Central.

De por sí, esto implica un mayor riesgo para las entidades: basta recordar el reperfilamiento de deuda en pesos que realizó el Tesoro en 2019, producto de la corrida cambiaria que se desató tras el triunfo de Alberto Fernández.

El volumen de la deuda en pesos era tan grande que el peligro era que se produjera una gran escalada del tipo de cambio y un gran salto inflacionario, ante la brutal caída de la demanda de pesos.

Tanto Bausili como Caputo reconocieron indirectamente ese mayor riesgo, cuando afirmaron que este cambio de deudor obligaba al Gobierno a comprometer un mayor superávit fiscal que el actual. La razón es que ahora debe pagar más intereses de la deuda que antes.

No hubo novedad alguna en relación con la política cambiaria: se mantiene el crawling peg del 2% sobre el dólar oficial y sigue el dólar blend para los exportadores.

Quedó claro que goza de "buena salud". Su levantamiento queda para una "tercera etapa", la cual no tiene fecha de implementación. Solo se explicó vagamente que será cuando el país recupere "el camino del crecimiento".

Tras haber caído a un nivel negativo de 10.000 millones de dólares, las reservas netas ahora son neutras. Eso fue producto de compras récord del Central por más de 17.000 millones de dólares en los primeros meses de gestión de Javier Milei. Ese proceso, sin embargo, parece agotado. En junio, el Banco Central terminó con un leve saldo vendedor.

En julio habrá que enfrentar pagos por casi 3.000 millones de dólares y las reservas caerían por alrededor de 2.000 millones de dólares, una parte de la deuda está en manos del sector público. Pero además, es probable que el Central continúe sin comprar a pesar del superávit comercial.

Tampoco hubo novedades respecto al inicio de la negociación de un nuevo acuerdo con el FMI. Se sigue repitiendo, sin demasiado convencimiento, que sería muy favorable contar con un desembolso del organismo para fortalecer las reservas.

Pero luce improbable que esto vaya a suceder en 2024, mucho menos en medio del proceso electoral norteamericano.

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