El mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo.
El mito de Narciso, cuenta que, este era un joven muy bello, hijo de una ninfa llamada Liriope. Un vidente de nombre Tiresias le dijo que su hijo viviría muchos años si nunca veía su propia imagen.
Nemesis, la diosa de la venganza indujo a Narciso, a que se acercara a un arroyo. Narciso se enamora de su imagen reflejada e intenta seducir al hermoso joven sin darse cuenta de que se trata de él mismo hasta que intenta besarlo. Entristecido de dolor, Narciso se suicida con su espada y su cuerpo se convierte en una flor, que se le llamó Narciso.
Pero: los "narcisos" de los que hablo no pueden ver su rostro reflejados en las aguas tranquilas, al menos en mi pueblo, porque a las aguas se las llevan las mineras. Pero cada mañana, seguramente, no entristecidos de dolor sino exultantes de vanidad se darán un beso, en el espejo del baño. Y eso, para no inquietarse ante la intimidante soledad.
Los narcisos, estos que: desde hace mucho tiempo reflejan su imagen, en cualquier reflejo, aun en cualquier consideración de nadie, y que seguramente la vean bella, como lo hacía el hijo de la Liriope. Claro que, estos que, cada cuatro años, brotan a boca de urna, reflejan su obsesión en las primeras páginas de los diarios, en los noticieros de la televisión, y con una excitación más débil, tal vez, cuando los nombran en las radios.
Claro: reflejos calmos y en primera página, por lo menos, ya que ellos son los que gestionan, con la generosidad correspondiente, la bondad de sus sonrisas y de sus gestos. No los aconseja Nemesis, la diosa de la venganza que indujo a Narciso a que se acercara a un arroyo a mirar su imagen.
Estos "narcisos" tienen: un contador, un asesor de la sonrisa, un peluquero, otro que "les afila las uñas", y entre otras muchedumbres de asistentes, los que les cobran las pautas que se encargan de la quietud de las aguas del arroyo para que no se les deforme la imagen. Y tampoco hay algún vidente, como Tiresias que fue el que le dijo a Liriope, que su hijo viviría muchos años si nunca veía su propia imagen.
Bueno... estos narcisos son precavidos, no los conmueve ni les basta una flor. Inauguran su nombre en una plaza, en un barrio, en una calle, en una unión vecinal, en el cordón de una vereda, en un baldío... de día y de noche, son "la volanta", "el titular", "la bajada", "el pie de página".
En mi pueblo, y en todos los pueblos "los narcisos" nos provocan, nos fastidian la higiene de las vigilias, con la estampa de su nombre propio, en cada espacio que cruzamos. Lo hacen escribir a la entrada del pueblo, encima de la toponimia del lugar, lo pintan en carteles con los que envuelven cualquier obrita pública diminuta.
Lo repiten: antes, durante y después de cualquier inauguración. La inauguración es "una muestra", una actuación con aplausos vacíos. Son gestos y ademanes, como el lenguaje de los sordos, que repiten su nombre y apellido.
Su nombre y apellido está impreso en todas las entradas "de donde se entre". Y en todas las salidas "de donde se salga". Y en todos los pasajes "por donde se pase".
Yo vivo en la proximidad de la montaña, y cruzando al cerro la pintura más visible es el nombre y apellido del intendente... ¿tal vez quedó desde la inauguración?...
Aunque, siempre escuché decir que los cerros son anteriores a la fundación del pueblo... y que están ahí desde antes que naciera el hombre más viejo, y este viejo nacimiento, será: desde un tiempo después que se hiciera el Sol.
La democrática democracia está poblada de narcisistas: presidentes, gobernadores, intendentes... y otros tantos, que aman su nombre propio, y que lo exhiben, en exceso... porque suponen que son los dueños del exceso... lo pintan en las paredes... lo vocifera un parlante por las calles... porque necesitan intervenirlas. Eso es: intervenir la mirada y la distracción del transeúnte, intervenir la voluntad de sus votantes.
Su nombre y apellido, escrito en todas partes, tal vez sea un amuleto por la perpetuidad, o una clave al misterio de su identidad.
En el mito del hijo de Liriope, cuando muere nace una flor. Estos narcisos de la contemporaneidad "de la república", en vida, son como el caballo de Atila.
Desconocen "lo público" e ignoran la Propiedad Social. Pintan su nombre propio y, tal vez, concluirá su obsesión cuando titulen una plaza, o sean el nombre de una calle, o del vestuario de un club, o de la sede de alguna ignota unión vecinal, porque ignotos fueron los vecinos.
En las dictaduras, la debilitación de la Subjetividad de los individuos, es por la fuerza y por el terror, en las democráticas democracias es por insistencia y por repetición.
Dice el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche-Pontalis: La noción de "narcisismo" aparece por primera vez en Freud en 1910, para explicar la elección de objeto en los homosexuales; estos se toman a sí mismo como objeto sexual..."
En "Introducción al narcisismo, 1914", Freud, dice: "El término narcisismo procede de la descripción clínica y fue elegido por Paul Näcke en 1899 para designar aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa hasta llegar a una completa satisfacción.
Llevado a este punto, el narcisismo constituye una perversión que ha acaparado la vida sexual del sujeto, cumpliéndose en ella todas las condiciones que nos ha revelado el estudio general de las perversiones".
Estos narcisos de la contemporaneidad democrática, toman como objetos del deseo, su poder político, y su necesidad de reconocimiento, y desde ahí: su adueñamiento de lo público, su exposición mediática en cada uno de los medios que contratan. La multiplicación-multiplicándose, de su nombre y apellido, y eso les alivia las frustraciones, seguramente.
Puede ser que un día, se levantaran y no pudiesen reflejar su rostro en el espejo, porque algunas ley de la Física se ha vencido, y en medio de la soledad mandaran a escribir: consignas y sentencias, en las paredes... por ejemplo: "Las ideas no se matan", copiada, de aquí cerquita, o tal vez, con un síndrome desconocido de nostalgia, hagan escribir: "La imaginación al poder"... de aquel Mayo del 68... o, "Pidamos lo imposible"... Y que, convocaran a foros vecinales sobre "la Propiedad Social", en los que ellos participarían...
¡Bueno…! "Pidamos lo imposible"... "Pidamos lo imposible"... de aquel Mayo francés... Si... "Pidamos lo imposible"... de aquel Mayo francés.
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