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El ocaso de una Corte de Justicia gris, acomodaticia y complaciente

La historia de una Corte que permaneció en el poder durante 20 años, dejando a San Juan al borde de la desidia judicial y el abandono imperdonable.

Escribir sobre una Corte de Justicia que se desdibuja lenta y agónicamente, es casi como escribir una historia de zombies que, al final de la trama, tendrán su fabulosa jubilación y una vida apacible. Parece ficción pero no lo es. Una vez más, la realidad supera a la ficción en el pago criollo. Borges definiría este relato con una síntesis conmovedora: "Pero, che".

La histórica Corte de Justicia que padece San Juan desde hace décadas estuvo compuesta por Adolfo Caballero, Juan Carlos Caballero Vidal, Carlos Balaguer, Humberto Medina Palá y Abel Soria Vega.

Decir que la obsecuencia con el poder de turno fue la principal característica de esta Corte, es caer en un eufemismo imperdonable.

Apuntar que casi todos engancharon a familiares y amigos en el Poder Judicial sin que rindan concurso y con el aditamento de generosos y casi obscenos emolumentos, es explicar la tragedia de un Estado bobo y una Casta Judicial rastrera y ducha.

Entender el entramado de mutuos favores entre los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, es meterse de lleno con la obra de Shakespeare, cuyo poder de síntesis es un imposible que sería vano intentar acotar en un artículo rudimentario como este. 

Acaso nadie en San Juan esté dispuesto a expresarlo con todas las letras. Pero bástenos caminar los pasillos de Tibunales y hablar con abogados de toda laya, frecuentar los cafés situados frente al edificio que alberga la Justicia o hablar con el ciudadano de a pie, casi siempre sometido a las injusticias más cruentas y humillantes. Es entonces, luego de atravesar este enmarañado recorrido, que se podrá comprobar que la Corte de Justicia de San Juan no cumplió con su rol durante más de 20 años. Un tiempo imperdonable en el que para muchos la vida fue un trago amargo y un castigo tormentoso.

El sistema judicial de la provincia cayó en el más menesteroso de los abandonos. La Constitución y las leyes fueron doblegadas por oscuros personajes poderosos que nada tenían que ver con la democracia.

Aumentaron los delitos de manera exponencial y algunos juzgados colapsaron por la cantidad de expedientes acumulados y causas sin resolver. Como si esto fuera poco, también hubo malos tratos a empleados en algunos juzgados y hasta denuncias por acoso laboral y acoso sexual, algo inaceptable en una institución que fue creada para impartir Justicia.

Esta calamidad lamentable a la que algunos llaman Corte de Justicia, ya está parcialmente renovada. Entran los nuevos cortistas, salen los viejos. Los nuevos no garantizan bondad, ni ecuanimidad, ni equidad. Es un error pensar que todo lo nuevo funciona bien. Los ciudadanos deberemos esperar unos 20 años más para saber cómo actuará la nueva Corte, que quedó conformada por los siguientes miembros: Soria Vega, Medina, Caballero, De Sanctis y García Nieto. 

Una cadena de renuncias

El primero en apartarse fue Carlos Balaguer, quien decidió pedir su jubilación el 1 de febrero de 2016. Tras su salida, fue reemplazado por Guillermo De Sanctis en diciembre de ese mismo año. De Sanctis es un conocido militante del peronismo vernáculo, varias veces candidato y exdiputado nacional. 

El segundo en salir de la Corte fue Juan Carlos Caballero Vidal, quien en noviembre de 2017 presentó su renuncia para evitar un juicio político que había pedido el Juez federal Leopoldo Rago Gallo. La idea era quitarle los fueros y poder enjuiciarlo por su presunta vinculación en delitos de lesa humanidad tras su desempeño como magistrado de primera instancia durante la sangrienta dictadura cívico militar que conmovió al país entre los años 1976 y 1983.

El tercero de la lista en irse, aunque todavía sigue en la Corte, fue Adolfo Caballero, un paisano costumbrista, cuyo mérito fundamental ha sido destacarse en la Federación Gaucha argentina. Renunció el 12 de abril de 2018 pero pautando su salida con un beneficio personal. Caballero presentó su renuncia condicionada, porque es un requisito para continuar su trámite en ANSeS, después que le aprueban el encuadramiento de su beneficio jubilatorio bajo la Ley 24.018 (82% móvil), recién dará el paso al costado. Aún no se fue, falta que ANSeS le otorgue el beneficio. El gaucho se acogió a una jubilación con el 82% móvil, al igual que sus pares. De raigambre bloquista, llegó a la Corte luego de fracasar como candidato a vicegobernador. Si bien la gente no lo votó, la Casta Política le dio la oportunidad de ser Juez de la Corte y así encaramarse en la deseada Casta Judicial.

Es preciso señalar que en poco más de dos años, la Corte de Justicia renovará a 3 de sus 5 miembros, un recambio que hacía falta y que debió concretarse hace 10 años. 

Cuánto gana un miembro de la Corte

Hay dos vacantes para integrar la Corte, ambas generadas hace poco, tras la renuncia de Adolfo Caballero y de Juan Carlos Caballero Vidal. Los abogados locales hacen cola para ganar ese puesto. No es para menos, estamos hablando de un cargo vitalicio, donde nada ni nadie podrá poner en riesgo la estabilidad en el Estado. El cargo de miembro de la Corte de Justicia está muy bien rentado: 170.000 pesos mensuales.

Falta que se vayan dos más

Las dos cortistas que permanecen en sus lugares son Humberto Medina Palá y Abel Soria Vega. Ambos estarían preparando su salida a través de una jubilación inminente. Sería entre este año y el que viene. No mucho más. 

Epilogo a foja cero

Mientras la Corte no recupere su rumbo y se dedique a impartir Justicia, agilizar el sistema, informatizar las causas, transparentar la selección de jueces y promover el ingreso del personal al Poder Judicial mediante concurso y no por portación de apellido, estamos verdaderamente fregados.

Sin una democracia diáfana, donde la división de poderes esté bien delimitada, estamos en problemas. 

Así nos va.

Una sombra ya pronto serás, la nota que anticipó la caída estrepitosa de Gioja

Ya agotada toda posibilidad de recuperar vitalidad, sus días corren pero no a la suficiente velocidad que la democracia necesita para el recambio generacional y la alternancia.

(Aclaración: esta nota fue publicada en 2015, cuando Gioja era gobernador de San Juan, aún no tenía sucesor, concentraba todo el poder y la provincia se manejaba como un feudo. En aquellos tiempos, la mayoría del periodismo local le tenía miedo, eran lisonjeros del Gobernador Gioja y se arrastraban tras los pasos del poder, convirtiendo el oficio en un bochorno irremediable). 

A Gioja le ha quedado poco desde siempre. Porque nunca tuvo grandes ideas que aporten a la construcción de una república. No fue un estadista ni lo será. No llegó a Presidente pese a sus desmedidas pretensiones que nunca hicieron pie en el escenario de la política nacional.

Siempre ha trabajado en esa militancia chica y mezquina, de medio pelo. La coyuntura ha sido su brújula y la condena a los pobres a seguir siendo pobres el resultado de su gestión. El señor y su gabinete multiplicaron a una legión de resignados que ellos mismos sometieron a la eterna espera de que las cosas un día sean mejor. La historia argentina recogerá de Gioja poco y nada, queda el grotesco final y la sombra; la sombra que ya pronto serás.

Terminó su tercer mandato aclamado por el ciudadano borrego, aborrecido por extraños y detestado por los compañeros del PJ que aguardan desde hace rato un recambio generacional. Para estos últimos, la espera ha sido interminable y humillante. Por eso todos quieren que se vaya, que termine de una vez. Y aún si al Vale Todo Gioja lo hubiese acompañado la salud y hubiera decidido seguir violando la Constitución para volverse a presentar por cuarta vez en la provincia, las posibilidades de que el Sol de San Juan brille en la urna de su ventana hubiese sido improbable.

Algunos alcahuetes especularon durante un tiempo con la idea de que sería el candidato a vicepresidente de Daniel Scioli. Pero esa tampoco le salió. De todas maneras hubiese sido lamentable que se retirara con ese premio consuelo. Como ya se dijo al comienzo, la salud le ha puesto el límite que no supo ponerle la deleznable Justicia local. Ahora, si se me permite, seré todo lo franco que el exgobernador Gioja merece: El tango ha entrado en su estribillo final y a usted, José Luis, le queda un poco de tiempo como para ir entendiendo lo que viene. No es una metáfora y no está de más recordárselo. Querido Flaco, no exagero si te digo que una sombra ya pronto serás.

No fue un estadista, porque encerró a San Juan en un proyecto megaminero de empresas internacionales que, una vez que se hicieron de los metales que necesitaban, decidieron partir, recortar personal, dejar todo y buscar otro lugar donde depredar. Un estadista hubiese reconvertido la economía local. Hubiese generado pymes apoyadas por el Estado para que arranquen y den trabajo genuino. Un estadista habría abandonado la anacrónica idea de que sólo el Estado puede dar empleo en la administración pública. Las pymes pueden ser motor de arranque y marcha, tomar gente con muy buenos salarios e impulsar un movimiento de consumo interno fabuloso. Manufactura de aceite de oliva, fabricación de circuitos informáticos, cultivo de frutos secos, generación de tecnología, muchos rubros esperan ser desarrollados. Pero El Vale Todo encajonó a San Juan en una minería inútil que apenas deja el 3% de las regalías.

No fue un demócrata, porque censuró a periodistas que no se disciplinaron a sus políticas retrógradas y continuistas del gobierno Bloquista de los años 70 y 80, que a su vez fueron cómplices de la dictadura del Proceso Cívico Militar. Tampoco fue demócrata porque no respetó la Constitución Provincial y se largó a un tercer periodo que no estaba contemplado en la Carta Magna por la que juró. Y, una cosa más, no dejó que en su propio partido creciera algún dirigente más joven con aptitudes para gobernar o al menos con intenciones de ser candidato. Quiso tener a todos bajo su sombra y ahora esa sombra es lo más parecido a la muerte en vida. Una sombra ya pronto serás.

No fue un buen administrador, porque recibió dinero del Estado Nacional como nunca antes un gobierno ha recibido en la provincia, y lo gastó en obras faraónicas sobrevaluadas. Se podría haber hecho el Estadio del Bicentenario, el Teatro del Bicentenario, la parquización de Avenida Circunvalación, el Centro Cívico, terminar el Hospital Rawson, todos los barrios, escuelas y centros sanitarios sin sobreprecios. Dejó una Deuda Pública de 1.500.000.000 de pesos en default sobre un Presupuesto anual de 19.400.000.000 de pesos. Un gobierno de gente decente podría haber hecho un tercio más de lo que se hizo si hubiese evitado desvíos de plata presuntamente destinada a coimas. A propósito, el Hospital Rawson nunca se terminó y el Teatro del Bicentenario no será inaugurado en el 2015 como anunciaron desde el Gobierno en los diarios pautados.

No fue limpio con el planeta. Cuando en septiembre de 2015 se produjo el derrame de agua con cianuro de la Mina Veladero, de Barrick Gold, tomó partido en favor de la multinacional y no de los ciudadanos a quienes gobierna. Dijo que la pérdida de agua cianurada no había contaminado y trató de desviar el tema diciendo que quienes denunciaban a la empresa Barrick, de la que él es amigo y compinche, eran activistas de la "oposición política interesados en conseguir unos votos". Le faltó solidaridad con su pueblo, con su tierra y con la ética pública que todo gobernante debería albergar en su interior.

No fue transparente, pues nunca dio a conocer su declaración jurada de bienes. Nunca respondió las acusaciones de haber recibido coimas por parte de la empresa Dallas Airmotive, coimas que fueron divulgadas hasta en el diario The Wall Street Journal. Nunca explicó cuánto gastó en la Fiesta Nacional del Sol y cuánto se recaudó. Tampoco dijo por qué siempre se favorecía a los mismos empresarios, artistas y locutores amigos en esa fiesta turbia y decadente.

No fue honesto con su pueblo, porque jamás explicó correctamente el caso de los sobreprecios a la aseguradora IAPSER que la Justicia obsecuente hace como que investiga. En esa operación para asegurar a los empleados públicos de toda la provincia, utilizó la modalidad de contratación directa y se calcula que los sobreprecios fueron superiores a los 3.500.000.000 de pesos.

Sí fue un gobernador que intentó un régimen feudal, un pretendido patrón de estancia que no ha podido doblegar a gran parte de los ciudadanos y ahora esa marea se le viene en contra. Visto desde Buenos Aires, fue un político pintoresco y ridículo, alguien con ambiciones desmesuradas y delirantes que soñó con ser presidente y no le dio el fuste. En la Casa Rosada se le reían cuando sus alcahuetes le hicieron un himno grabado por un tenor desafinado y un par de músicos rayanos con el esperpento pueblerino. No es desopilante decir que no fue ni la sombra de la sombra que ya pronto será.

Cuando su osamenta, cansada y añosa, descanse en paz; si es que encuentran la paz los seres de tamaña ralea, no servirá de nada la riqueza acumulada ni los billetes contados una y otra vez con la convicción afanosa del codicioso hipnotizado por sus millones. Ni la sombra quedará de aquel señor feudal que trajo tanto mal e hizo tanto daño entre sus pares. Es probable que quede en el recuerdo de su pueblo como alguien pusilánime, o como un incapaz de dar amor, porque hay que recordar que los seres diseñados para el odio sólo pueden emanar esa sustancia concentrada de la que están hechos: maldad. Pero los humanistas, los progresistas, lo pacifistas, no deben reinventar ese odio sembrado por sus abominables gobernantes. Los seres nobles, de buena calaña, deben olvidar rencores, apartar pensamientos destructivos y predisponerse a la esperanza, que es, en definitiva, lo que salvará al hombre y a la mujer, también al travesti, de la angustia existencial.

El final es final para todos. Los años pasaron para los jóvenes, para los maduros y para los viejos. El camino transitado no ha sido en vano. Cada quién estuvo donde creyó que tenía que estar. Yo acá, usted allá, la vida dirá quién de los dos estuvo bajo las órdenes de Satanás y quien fue un soldado de la Madre Naturaleza. O estás con Baal y Mammón o estás con la Pacha Mama. Si uno se detiene y voltea a mirar la senda andada, de seguro se encontrará con errores y aciertos. Esto no ha sido un camino, ha sido un "caminito cubierto de cardos, la mano del tiempo tu huella borró". Entonces sí, no está demás concluir esta nota que, sin pretensiones estilográficas, es casi el obituario de un ciclo cumplido, vencido y aplastado por la decadencia y la corrupción: "Yo a tu lado quisiera caer y que el tiempo nos mate a los dos".

Medios independientes vs. militantes: el dilema ignorante

"Como los periodistas sufríamos tanto, teníamos que emborracharnos todos los días", Gabriel García Márquez.

Hace poco más de un año tuve la oportunidad de asistir a un foro en la Facultad de Ciencias Sociales de nuestra UNSJ donde se planteaba la discusión: ¿Existe el periodismo independiente o es más sincero asumir que todo periodismo es militante? Más allá de la comodidad que representaba para mí dedicarme a otros asuntos, hacia allá partí, compelida por una imperiosa curiosidad. Verdaderamente buscaba respuestas.

Llegando al aula del Departamento de Ciencias de la Comunicación donde se desarrollaba el foro, encontré un panel de conocidos periodistas locales, moderados por docentes y autoridades del Departamento. La audiencia: un aula llena de inquietos, audaces y muy despiertos estudiantes de comunicación social. Un golpe de vista a estas avispadas caras me entusiasmó. Qué lindo ver que en el futuro desde el periodismo o “la comunicación” se podrán hacer cosas valientes, como las que se trasuntan en la mirada briosa de estos chicos, pensé. Pero con el transcurrir de los minutos, la inquietud me empezó a invadir.

A coro, los panelistas sostenían una cerrada negativa ante la idea de que exista la censura en los medios de nuestro querido terruño. Más aún, en los de la Argentina. Cuando los moderadores abrieron el tiempo para preguntas del público, pedí hablar. Dije que como licenciada en esta carrera, recibida en una universidad pública y periodista en ejercicio (en aquél momento aún trabajaba en un medio privado) pensaba dos cosas. La primera: que la censura existe como el aire que respiramos. La segunda: que la dicotomía planteada no debía ser el centro de la cuestión, menos aún en una carrera que en gran parte de su currícula contiene ciencia social. Que tal paradigma debía permitirnos concebir al acto de informar o de re- presentar un acontecimiento como a un hecho social. Y en este punto, podíamos recordar los aportes del genial Eliseo Verón: “explicitar las condiciones de producción de un discurso, es lo que hace que se dé una situación de objetividad con nuestro objeto; borrar o esconder esas condiciones produce una relación subjetiva".

A días del fallecimiento de uno de los creadores de la semiología de “tercera generación” a nivel latinoamericano, Eliseo Verón, recuerdo estos hechos que aún me desvelan.

“Si hay algo parecido a la censura debe ser por autocensura y no de los periodistas, si no de los entrevistados”, retrucó un respetado panelista. Y otro matizó dándome centavos de crédito. No era ni es importante para mí llamar la atención en un lugar así, pero confieso que el tema me moviliza. El agua de todo ese molino terminó fluyendo hacia una conclusión digna de 6,7, 8: “Hay que militar la nueva ley de medios”. En esto coincidieron todos, rebeldes y prolijos.

No estoy en contra de la actitud de los organizadores de tan jugoso encuentro. Sí de puntuales voceros que con pasmosa solvencia ven oro en todo lo que nos rodea y ningún nubarrón sobre nuestra querida profesión periodística. Pues yo sí, dije en ese momento aunque nadie me preguntó. Y lo repito ahora: yo sí vi la censura. Tiene rostro y cuerpo humano, no fantasmal ni producto de sugeridas paranoias.

Volviendo a la segunda situación: creo que lo equivocado del asunto es la dicotomía, el dilema. Desde mi humilde saber, sostengo que la bifurcación es ignorante. Echa por tierra décadas de estudios académicos sobre medios. Está bien que los profesores la lancen a la palestra como se propone un titular de portada: llama la atención sobre un problema y permite desmenuzarlo. Pero de ahí a retroceder no aclarando que todo el quehacer periodístico puede y debe buscar la objetividad y en todo caso discutir sobre nuevas vías, creo que hay mucho trecho. Yo no renuncio a esa vocación de objetividad. Y me llama la atención que haya tantos colegas dispuestos y tan fervientemente gustosos por “militar” en cuestiones de discurso. Militar, un término sacado un campo netamente bélico, endurecido, ideologizado y parcial, más que de uno científico, dinámico, reflexivo y dialéctico.

En "La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad" (1988), el recientemente fallecido Eliseo Verón situaba a cada discurso como una célula en un tejido discursivo. Cada discurso emitido tiene en sí gramáticas de producción y gramáticas de reconocimiento. Por esto, argumentó que el emisor de cada relato debe hacer constar sus fuentes, intereses, ideologías y objetivos para que podamos leer su texto con toda la información necesaria para interpretarlo como una construcción a la que se pueden anteponer otras. Así, si un diario es afín a un partido político o recibe jugosa pauta, lo mejor sería que lo explicitara para que el lector pueda entender por qué se escribe lo que se escribe allí. Y eso significa admitir que hay varias realidades, varias verdades y dejar elegir al lector en cual o cuales “confiar”. Ni más, ni menos.

Otros semiólogos y argentinos como Lucrecia Escudero demostraron a través de la traición que significó la derrota en Malvinas para la credibilidad general, que existe una relación "afectiva" más que racional de las personas con los medios de información que consumimos. Especialmente con los impresos (históricamente, los más reflexivos). Brindamos un contrato crediticio. Creemos antes de comprobar. Compramos antes de pagar. Claro que esto, escrito en los años 80, puede haber sido ampliamente superado por la interactividad que permiten las redes sociales y la inmediatez de la información digital. Sin embargo, dejar de lado descubrimientos realizados a lo largo de un pasado doloroso por académicos, filósofos y teóricos de la comunicación de masas, es tirar tiempo, dinero y reírnos de la sangre derramada.

Históricamente los escribas, intelectuales, pensadores, incluso los juglares y poetas han juzgado las cosas de su tiempo. Resaltando y exagerando gestas hasta elaborar verdaderas epopeyas; criticando y acentuando zonas grises hasta consignar ominosos dramas. En la modernidad, la ciencia y su método quisieron buscar ante todo "la objetividad". La escuela norteamericana, en sentido de corriente de pensamiento y de oficio, pretendió instaurar el "periodismo puro": la noticia desnuda de opinión y enfoque previo. Apelaba a mostrar y reflejar la realidad "tal cual era". El método: el informador con ropa seria, gesto adusto, despojando su lenguaje de adjetivación y su expresión de sentimiento o color. Sólo se guardaba esto para las notas llamadas precisamente "de color". Ni siquiera para el género editorial.

Pronto se demostró que esta objetividad era una ilusión de la modernidad, como cualquier otra pretensión de verdad absoluta. La omnipotente ciencia occidental enfrentó muy pronto la constancia de que todo depende del cristal con que se mire. O, en términos científicos, del paradigma del que se parta. Incluso sucede en las llamadas "ciencias duras".
Sin embargo, esto no impide que como seres humanos pensantes, pretendamos seguir un método que nos acerque un poco más a lo buscado. En el caso del médico, a curar la enfermedad con uno u otro librito. En el caso del ingeniero, a que no se caiga el edificio. En el caso del periodista, a no hacer operaciones a favor y en contra. A dar aire o tinta a las distintas versiones del conflicto. A no guardarse datos. A hacer lo que hace el periodista entre otras cosas: develar lo que quiere ser ocultado. Ocultado por quienes detentan los hilos de poderosas corporaciones.

Estoy en contra de la dicotomía objetividad vs. militancia, tal como a un médico no se le ocurriría pensar que tal laboratorio, radiólogo o anatomopatólogo es objetivo y el otro militante. Sencillamente un científico puede creer en un método por determinadas pruebas y por coincidir en los pasos y argumentos y en otros, no.

Eliseo Verón debe ser justificadamente uno de los teóricos y analistas de la comunicación más relevantes a nivel latinoamericano, habiendo fundado toda una línea de investigación ligada a la semiótica en Argentina (en conjunto con otro grupo de autores como: Oscar Steimberg y Oscar Traversa) y publicado más de una decena de libros entre los que podemos incluir: Conducta, estructura y comunicación (1968), La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad (1988), Esto no es un libro (1999), Efectos de agenda (1999), El cuerpo de las imágenes (2001), Espacios mentales. Efectos de agenda 2 (2002). Preocupado por la historia y destino de los medios, una de sus últimas preocupaciones ha sido justamente la del “fin de los medios”, incluyendo entre ellos la televisión, otra de sus grandes preocupaciones.

El lenguaje inclusivo en el planeta de los simios

Nuestra especie jamás existió separada de su cultura. El lenguaje, código por excelencia, crea lo que conocemos. Por eso es herramienta de poder y objeto de deseo.

Por Silvia Marcet

Les periodistas se sientan alrededor de la mesa redonda. También algunos invitades. Vuelve el aire luego del corte. Los anfitriones comienzan a desgranar los temas que quieren analizar en vivo y en directo junto a su audiencia. Discuten sobre varios asuntos. El que primero atrapa mi atención es el que analiza el uso del lenguaje inclusivo por hombres y mujeres “académicos”. Plantean que es el comienzo de la anarquía. Dar la venia al “todes” como actualizacipón de un grupo de mujeres y hombres, o de niñas y niños, es un acto tan demoledor del orden establecido, lógico y funcional, como permitir en casa que tu hijo camine de cabeza o tome la comida con los pies.

Es el canal de televisión más tradicional, el primero que tuvo la provincia. Los comunicadores son avezados, respetados. Algunos, definitivamente queridos. Han estado en contacto con el latido de cada barrio y de cada localidad desde que eran muy jóvenes. Tienen derecho a opinar. Claro que sí.

No solo son sus palabras. Sus cuerpos comunican, tocan, llegan y alcanzan soluciones. Tienen derecho a expresar sus personalísimos pareceres sobre todos los temas, más allá de la línea editorial de la empresa de comunicación en que trabajan. También más allá de evidencias o argumentos. Vivimos en democracia. Luchamos cada día por abrir la brecha de la libertad de expresión y por garantizar el derecho constitucional y supraconstitucional a la información. Pero no solo eso. Ellas y ellos  tienen un nombre conocido, una marca registrada, y si hay algo que se han ganado, es el derecho a decir.

Y con cada noción que expresan, construyen.

  • Pero ¿qué construyen?
  • Sentido común.
  • ¿Son en verdad tan poderosos?
  • En realidad, no. Pero no están solos. Todo discurso social es una construcción colectiva.

El violento oficio de escribir

Quienes algunas vez trabajamos en este maravilloso y sacrificado oficio supimos desde el comienzo y desde las entrañas, que el que dice, hace. No necesitábamos el concepto de posverdad – oficializado por la Real Academia Española  en diciembre de 2017, pero en uso al menos desde 2004 - para asegurarlo como realidad tangible. Lo sentimos en la piel cuando ese entrevistado confía en nosotros como su tabla de salvación. Cuando iluminamos lo oculto, despertando de la siesta a los vecinos. Cuando traducimos el lenguaje técnico al coloquial.

¡Si hasta los años noventa éramos Prometeo bajando el fuego sagrado! Luego ingresamos al barro, como todo lo demás. Incluso el más salvaje de los feminismos hoy es abrazado por la voracidad del mercado desde las brillantes publicidades de Nike y Adidas. Como ya hizo antes con la bohemia, la crítica cultural, los movimientos juveniles, luchas raciales, el rock, el punk, el indie y hasta con la guerrilla latinoamericana. Si la maquinaria posmoderna trocó pacifismo, orientalismo y anticonsumismo en artículo hippie chic, ¿por qué habría de respetar al cuarto poder?

Aún así, guardamos en nuestro bolsillo una fuerza indomable. Lo sabemos cuando interpretamos datos. Cuando incomodamos o traemos buenas noticias. Porque hay que estar en los lugares. Hay que ver esos rostros, meterse en esas realidades y volcarlas en un registro masivo. Hacer periodismo es un ejercicio antropológico.

La posibilidad creativa del oficio de comunicar es lo que nos apasiona. Es una de las fuerzas que nos atrajo a la profesión: la cuarta pared teatral que brinda besos e insultos, flores y huevazos; premios y psoriasis; cenas elegantes y atracones de galletas, madrugadas de nicotina, días de trueno. El efecto mariposa que surte de satisfacciones y sufrimientos en ingentes y diarias dosis.

Por eso, no es para cualquiera. Gabo, en sus tiempos de cronista, se emborrachaba cada día. Rodolfo Walsh, por denunciar a la última dictadura militar, terminó fusilado. ¿Quién puede timonear su barco sin ser devorado por Escila o succionado por Caribdis? Solo alguien tan valiente y tan astuto como Ulises Odiseo. El estrecho canal de Mesina es la pura y dura realidad empresarial, económica, política, social. Y cultural, claro. Un palimpsesto donde también incide la academia oficial. Lo decible y no decible en cada momento y lugar.

Apolo hiere de lejos

Enamorada de historias rimbombantes desde muy chica, leí esta frase alguna vez. “Apolo no necesita la proximidad para herir, porque su flecha es como la palabra. Hiere de lejos”. Se refería a lo que el filósofo del lenguaje John Langshaw Austin definió como “performatividad”, una propiedad que establece una obligada conexión entre lenguaje y acción. Para Austin, la performatividad se da cuando en un acto del habla o de comunicación no solo se usa la palabra, sino que esta implica, forzosamente, una acción.

La filósofa y pensadora queer Judith Butler, apoyándose en Austin, formuló la teoría de la performatividad y con ella redefinió este concepto a principios de los años noventa, evidenciando la importancia que tiene la performatividad en relación al género y al cuerpo. Butler retomó también al filósofo francés Jacques Derrida, quien a finales de los años setenta ya señalaba cómo los actos del habla performativos no son ejercicios libres y originales, expresiones de la voluntad individual, sino que necesariamente dependen de acciones repetidas y reconocidas por la tradición o por convención social.

Volver a las fuentes

La famosa alegoría de la caverna ideada por el filósofo griego Platón a principios del VII A. C., explica su visión sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto al conocimiento. Los hombres encadenados en lo profundo de la cueva, no pueden conocer del mundo más que a través de sombras que se proyecta los objetos y sujetos del exterior a partir de la luz de una fogata en el interior. Pero cuando uno de los encadenados logra escapar y regresar para traer noticias de la enorme realidad que existe detrás de esas sombras, los compañeros, aún atrapados en la oscuridad, se ríen de él. No lo hacen por maldad o torpeza. Sencillamente, no cuentan con elementos que les permitan juzgar o clasificar lo que se les cuenta que es real.

¿Cómo poder entender que algo es azul si nunca aprendí qué cosa es el color azul? ¿Cómo poder distinguir tantos tonos de blanco si jamás viví entre esquimales? Sabemos, por nuestra cruenta historia, que los conquistadores tuvieron que enseñar con sangre y fuego a algunas culturas nativas de América, el valor europeo del oro y de la plata.

¿Qué es lo real?

"Solo podemos conocerlo bajo la forma de efectos (mundo físico), de funciones (mundo social) o de fantasmas (mundo cultural); en una palabra, lo real, en sí mismo, es nada más que una inferencia", postuló el filósofo francés Roland Barthes en 1961. La influencia de este autor ha sido fundamental no solo en los estudios semiológicos, sino también en los movimientos literarios, culturales y artísticos del siglo XX.

En 1997, el lingüista Émile Benveniste propuso que "la lengua se convierte en discurso cuando un sujeto se apropia de ella y la pone en funcionamiento para influir en el otro". Para poder ejercer esa influencia, el primer sujeto debe respetar una gramática  compartida con el otro a punto tal, que esta opere como código común. Solo a partir de una codificación compartida se hace posible transmitir sentidos. Hacer intersubjetiva la experiencia subjetiva. Este dispositivo es el lenguaje, la lengua común. Una herramienta. Un marco conceptual que  percibir, nombrar, evaluar, calificar, clasificar y cuantificar todo lo que existe. Un dispositivo que tiene su correlato en la comunicación cibernética. No hay registro o feedback sin códigos compartidos.

Es imposible construir sentido sin código como imposible es existir en el vacío. Por eso, tantos pensadores han dicho: lo que no se nombra, no existe.

Pero el lenguaje no es una tabla inalterable, una piedra Rosetta tallada de una vez y para siempre. Por el contrario, es un dispositivo dinámico, sujeto a permanentes cambios culturales. Por un lado, porque contiene dentro de sí una cantidad muy grande de combinaciones posibles y no posibles de sus propios elementos. Pero, por otro lado, porque es propiedad colectiva. Con o sin Real Academia Española, una lengua es influenciada por todos sus hablantes y en todo momento. El ejemplo más conocido es la constante incorporación de neologismos creados por cada generación de jóvenes. O la innegable incidencia del lenguaje científico y tecnológico.

Rebeldes con causa

¿Por qué llegamos a este punto? ¿Es necesario hilar tan fino para poder asegurar que las presentes incorporaciones del lenguaje tienen motores más importantes que una moda o el capricho de ciertos grupos?

Pocos querrán cuestionar al sistema Braile, el alfabeto Morse, los lectores electrónicos de textos impresos, aplicaciones que escriben textos orales, el lenguaje analógico, el digital, las señales de ultrasonido, el efecto doppler o los múltiples códigos de programación como instrumentos útiles para ampliar las capacidades del ser humano. ¡Esos sí que son lenguajes inclusivos! Por el contrario, incluir signos como la “x” en lugar de la “a” o la “o”; o la más reciente “e”, es snob, provocador, confuso para los más jóvenes y desestabilizador.

Para tranquilidad de muchos, nada más alejado del estallido de la autoridad. Porque la lengua, la matemática, la lógica, la historia, el derecho y tantas otras disciplinas, no reúnen más que instrumentos para entender el mundo y crear. 

“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”, decía el fundador de la pedagogía de la liberación a partir de la comunicación, el brasileño Paulo Freire. Y con otra frase, fue más allá: “La educación problematizadora se hace, así, un esfuerzo permanente a través del cual los hombres van percibiendo, críticamente, cómo están siendo en el mundo en el que y con el que están”.

No hay manera de ser en el mundo en el vacío. Siempre se es de un modo u otro. Lo mismo sucede con el sentido. Solo puede no comunicar aquello que no existe.

Ayer nomás

En 1973, el antropólogo estadounidense Clifford Geertz, profesor de la Universidad de Princeton, escribió el libro “La interpretación de las culturas”. En éste analiza cómo y en qué momento se separa el homo sapiens de “su fondo general de primate”:

“De conformidad con la opinión actual, la evolución del homo sapiens –el hombre moderno– comenzó con su inmediato predecesor pre sapiens en un proceso que se produjo hace aproximadamente cuatro millones de años con la aparición de los ahora famosos australopitecos (…)-  y que culminó con el surgimiento del sapiens mismo, hace solamente doscientos o trescientos mil años (…)  Las fases finales de la historia filogenética del hombre se verificaron en la misma gran era geológica –llamada el período glacial– en que se desarrollaron las fases iniciales de su historia cultural. Los hombres tienen días de nacimiento, el Hombre no lo tiene (…) Esto significa que la cultura más que agregarse, por así decirlo, a un animal terminado o virtualmente terminado, fue un elemento constitutivo y un elemento central en la producción de ese animal mismo.

Entre las estructuras culturales, el cuerpo y el cerebro, se creó un sistema de realimentación positiva en el cual cada parte modelaba el progreso de la otra; un sistema en el cual la interacción entre el creciente uso de herramientas, la cambiante anatomía de la mano y el crecimiento paralelo del pulgar y de la corteza cerebral es solo uno de los ejemplos más gráficos. Al someterse al gobierno de programas simbólicamente mediados para producir artefactos, organizar la vida social o expresar emociones, el hombre determinó sin darse cuenta de ello los estadios culminantes de su propio destino biológico. De manera literal, aunque absolutamente inadvertida, el hombre se creó a sí mismo (...)

Si bien se produjo una serie de importantes cambios en la anatomía global del género homo durante este período de su cristalización –forma craneana, dentición, tamaño del pulgar, etc.–, mucho más importantes y espectaculares fueron aquellos cambios que evidentemente se produjeron en el sistema nervioso central, pues en ese período el cerebro humano y muy especialmente el cerebro anterior alcanzaron sus grandes proporciones actuales. Lo que separa más distintamente a los verdaderos hombres de los protohombres es aparentemente, no la forma corporal general, sino la complejidad de la organización nerviosa (…)

Lisa y llanamente esa evolución sugiere que no existe una naturaleza humana independiente de la cultura (…) Como nuestro sistema nervioso central –y muy especialmente la corteza cerebral, su coronamiento de calamidad y gloria– se desarrolló en gran parte en interacción con la cultura, es incapaz de dirigir nuestra conducta u organizar nuestra experiencia sin la guía suministrada por sistemas de símbolos significativos (…)

En suma, somos animales incompletos o inconclusos que nos completamos o terminamos por obra de la cultura, y no por obra de la cultura en general sino por formas en alto grado particulares de ella: la forma dobuana y la forma javanesa, la forma hopi y la forma italiana, la forma de las clases superiores y la de las clases inferiores, la forma académica y la comercial. La gran capacidad de aprender que tiene el hombre, su plasticidad, se ha señalado con frecuencia; pero lo que es aún más importante es el hecho de que dependa de manera extrema de cierta clase de aprendizaje: la adquisición de conceptos, la aprehensión y aplicación de sistemas específicos de significación simbólica (…)

Los hombres construyen diques o refugios, almacenan alimento, organizan sus grupos sociales o encuentran esquemas sexuales guiados por instrucciones codificadas en fluidas cartas y mapas, en el saber de la caza, en sistemas morales y en juicios estéticos: estructuras conceptuales que modelan talentos informes”.

Monos con navaja

 “Vivimos, manifiesta Geertz, en una brecha de información. Entre lo que nuestro cuerpo nos dice y lo que tenemos que saber para funcionar hay un vacío que debemos llenar nosotros mismos, y lo llenamos con información (o desinformación) suministrada por nuestra cultura (…) La frontera entre lo que está innatamente controlado y lo que está culturalmente controlado en la conducta humana es una línea mal definida y fluctuante”.

Michel Foucault  durante su famosa  lección El orden del discurso, dictada en 1970, se pregunta: "¿Qué hay de peligroso en el hecho de que las gentes hablen y de que sus discursos proliferen indefinidamente? ¿En dónde está por tanto el peligro? Y propone: "en toda sociedad, la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad". Esos dispositivos son lo prohibido, la exclusión del “loco”,  el comentario, la legitimidad del autor y la distribución de lo decible en disciplinas.

Hace demasiado tiempo existen cuerpos que cuestionan el género que la cultura les asigna por nacer con órganos genitales de uno u otro sexo. Hace demasiado tiempo que existen conciencias “fuera de época” o “fuera de lugar”. Surge a la palestra la existencia de más de dos sexos. Nos reímos, y sin querer, actualizamos a Foucault con su noción de “locura”. Se visibilizan  maneras diversas de vivir la sexualidad y de asumir roles sociales asociados tradicionalmente a uno u otro género, a una y otra clase social. La biología descubre nuevas combinaciones de cromosomas. Las masas sacan de la clandestinidad realidades antes innombrables. Y por tanto, se pone voz a lo sordo y a lo mudo.

Por qué marchamos

Foucault mostró que el discurso no es solo un medio para conseguir al objeto de deseo sino también el objeto de deseo en sí mismo. Y en tanto herramienta, lo tasó con el precio de un arma: “el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse”.

Estamos muy lejos de nuestros hermanos astralopitecus. Mejor dicho, de nuestres hermanes australopiteques. Pero no olvidamos que comenzamos a separarnos de ellos cuando empezamos a simbolizar. Y que, a pesar de nuestra celebrada neocorteza cerebral, nos mueve el deseo.

Farsa nacional: Macri estafó a los argentinos y argentinas

Era un eufemismo que le cantaran "Mauricio Macri la puta que te parió", o cuando le decían "Macri gato". Lo más doloroso es que quedará en la historia como un presidente estafador.

En campaña esbozó el libreto de la tragedia contemporánea que luego se convirtió en el nuevo fracaso criollo. Muchos creyeron que sería mejor que el ladrón de Néstor o la asaltante violenta de Cristina. Pero no. Este codicioso de poca monta fue igual de mercenario que el matrimonio Kirchner.

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Ahora pagaremos todos y todas el fatal destino de ser argentinos. 

Cuando era candidato a presidente, Macri dijo eufórico que la inflación no era un problema, y terminó llevándola a su marca histórica: en terminamos 2018 con 45% de inflación y en 2019, cuando entregó su mandato, llegamos al 50%.

Prometió una lluvia de dólares e inversiones y terminamos hocicando en el Fondo Monetario Internacional, donde nos acogieron con la vacuna de dólares fáciles pero difíciles de devolver. Ya conocemos la historia, no hace falta refrescarla: tenemos el nivel de endeudamiento más intrépido y peligroso de nuestra historia. Nos prestaron 57.000 millones dólares y vamos a devolver una friolera pagada con sangre, sacrificio humano y pobreza infligida entre hermanos.

Macri recibió un dolar real a 18 pesos. En mayo de 2018 estaba en 28 pesos y durante la corrida cambiaria llegó a 44 pesos. Más tarde se ubicó en 37 pesos y al año siguiente, 2019, se disparó a 47 pesos. Al final de su mandato el dólar estaba casi en 70 pesos. La lluvia de verdes nunca llegó pero sí la tormenta financiera provocada por la mala praxis de su equipo económico.

Desde que asumió Macri, la deuda pública argentina pasó del 52% al 80% del PBI en sólo tres años. Algunos datos marcan que luego del ingreso de fondos tras el endeudamiento con el FMI, la relación PBI deuda habría llegado al 93%. ¿No fue acaso un verdadero sátiro de las finanzas?

Este delincuente, a quien muchos llamaban Presidente Macri, llegó anunciando que su gobierno se proponía la meta de lograr "Pobreza Cero", y levantó la pobreza a los mismos niveles que los asaltantes de Néstor y Cristina. Los datos proporcionados por el Indec indican que en el primer semestre de 2018 la pobreza se elevó al 27,3%. La cifra se ubica 1,6 puntos porcentuales por encima de la tasa registrada en el segundo semestre de 2017. La indigencia también subió y se ubicó en el 4,9%. Ya en 2019, antes de terminar, la pobreza superó el 30%.

Sin hesitación, Euforia Macri pasará a la historia como un esperpento menor de la política nacional. Un grotesco ridículo y malhechor que ha infligido sufrimiento a su pueblo. Sus mentiras han transitado un corto trayecto y los ciudadanos, a poco de empezar su periodo, advirtieron que no es confiable y que no sabía cómo resolver los problemas del pago criollo.

Cuidado: tampoco es cierto que los argentinos y argentinas querían la vuelta al Gobierno de la delincuenta Cristina Kirchner. Pero rápidamente caímos en una trampa llamada polarización. La trampa le funcionó bien a Cambiemos hasta el 2017, cuando el macrismo ganó la elección de medio término gracias a la grieta, una herramienta creada hace años por el kirchnerismo ladrón y explotada por Durán Barba, un mercenario eficaz.

Finalmente las cosas se precipitaron, Cristina, como buena embustera y farsante hizo una jugada magistral y puso a Alberto Fernández como candidato a presidente. El peronismo ganó las elecciones en 2019 y de alguna manera Cristina volvió al poder desde la vicepresidencia. Así, se aseguró la impunidad y no ir presa, ni ella ni sus hijos.

Macri prometió mejorar el poder adquisitivo de los compatriotas pero no fue así. Por el contrario, el salario promedio de los argentinos registró la peor caída desde 2002. Los emolumentos acumularon una pérdida de 17% en 2018 y en 2019 los sueldos sufrieron una suerte similar.

A esta altura, es de suponer que los habitantes de esta vasta y rica nación se dieron cuenta de que Cambiemos fue un frente conformado por mercenarios avaros, desesperados por acumular plata. También saben que el kirchnerismo es una asociación ilícita organizada para saquear al Estado.

Estamos ante una encrucijada difícil de sortear. Somos argentinos, inviables, corruptos, bravucones, violentos, petulantes, pretenciosos, ventajeros e hipócritas. Con tamaña colección de adjetivos que nos definen como pueblo, es casi imposible que podamos salir adelante.

Volvamos a Macri: anunció en campaña que revitalizaría la industria y apoyaría a las Pymes pero también en eso mintió: la actividad industrial cayó un 11,5% en 2018 y las Pymes cerraban y despedían personal durante todo el 2019.

Dijo que aliviaría la carga impositiva y tributaria a los que aportan con sus impuestos. Sin embargo seguimos siendo el país con mayor presión tributaria del mundo, trofeo que por ahora nadie nos podrá quitar con facilidad. En Argentina se pagan 165 impuestos pero sólo 11 explican el 90% de la recaudación total.

No cabe duda, estamos ante un farsante que estafó a sus coterráneos. En su penoso desempeño se refleja su vocación de cipayo y su traición imperdonable a la patria. Esto no exime a Néstor y a Cristina de ser dos ladrones monumentales, tampoco parece que Alberto Fernández sea un hombre honesto. Ni uno ni los otros, somos presa de una farsa nacional que sólo cambió de actores a través de los años.

En la retórica malévola y cínica de Néstor, Cristina y Macri se explica el fracaso argentino. Somos un país fregado y jodido. Deberíamos entenderlo de una vez por todas, así no seguimos insistiendo con eso de que somos una gran nación con gente noble y honrada. No somos eso y, por ahora, no parece que vayamos encaminados rumbo a ese horizonte.

Así nos va.

Aclaración: esta nota fue publicada por primera vez en 2018, durante el Gobierno de Mauricio Macri.

Con pastillitas, entré en gladiador

Nos legó Albert Einstein entre muchas de sus genialidades: "Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”. ¡Oh, musas de la razón humana! Díganme: ¿Cuántas veces reverenciamos el lúcido destello del canoso brillante y cuantas más - ocupados en nuestro frenético accionar diario - lo dejamos pasar? Todo para volver al viejo juego del ensayo y error, como nuestros ancestros pre - sapiens: buscando inventar la rueda, el fuego, o siquiera oponer nuestros pulgares, una y otra vez, generación tras generación. Dejamos pasar esta verdad tantas veces revelada, como pisoteada por el tiempo y la estupidez.

Hablo de la violencia juvenil, que se absorbe desde la cuna, como el “muchas gracias”, el “por favor” y las simpáticas “malas palabras” que tan rápido aprenden los bebotes de dos años de los tíos y amigos de la familia. Hablo de todo lo que se mama desde el ambiente vital primario. Lo que natura sí da y Salamanca sí presta.

Azorados frente al caso de Carolina, la chica ferozmente atacada por un grupo de compañeros, discutimos en cada lugar pasillo, café y en sus hogares: qué hacer, cómo evitar esto, por qué la justicia no puede actuar, qué es lo que está fallando. Como decían en mi barrio: “Si seguimos así… donde vamos a ir a parar”.

Unos dicen que la culpa es de los medios, de los cobardes detrás de las redes sociales, que viralizan con desvergüenza lo que sucede en el mundo de los menores. Que prejuzgan con tiempos ajenos a los de la real justicia y cometen algo ilegal y por cierto antiético. Otros aseguran que estamos muy lejos del pensamiento holístico, que debemos predicar con el ejemplo, dar la otra mejilla y desear el bien a los chicos malandras que planificaron todo esto de antemano. Algunos que entienden de Derecho, se avienen a explicarnos con santa paciencia y pulcritud de laboratorio por qué los jueces están atados de manos y no cuentan con elementos legales para ofrecer un esclarecimiento tranquilizador. Y también están esos varios que reaccionan con toda su humanidad: van a los actos más viscerales- que le guste a quien le guste, son fuentes históricas del derecho natural: ofrecen rechazo y segregación social a los supuestos culpables y sus padres.

Respecto a la lógica de los medios de comunicación, masivos y voraces, concedo algo. Es cierto lo que escribió una intelectual hoy señalada como vocera de “la Corpo”, Beatriz Sarlo: “Comparada con la velocidad de la toma directa documental, la justicia es intolerablemente lenta. Los medios se colocan del lado de las víctimas en el sentido de que ellas, las víctimas, no están interesadas en la construcción de un caso judicial con todas las garantías procesales y probatorias para los presuntos delincuentes, si no que reclaman un castigo directo y sumario. Así lo expresan cuando afirman, frente a las cámaras, que los delincuentes son bestias fuera de todo derecho. Este discurso de las víctimas es comprensible porque sobre el dolor de la pérdida o la humillación de la violencia padecida, no se apoya una perspectiva de justicia para todos. Es precisamente desde afuera de ese dolor, y sólo desde afuera, que sería posible garantizar la imparcialidad del juicio (…) La peor justicia, la más lenta y torpe es preferible a un veredicto populista, donde la agitación demagógica del crimen implica una ausencia total de garantías”1. Y sí, acepto también que, en parte, hay certeza en lo que dice Jesús Martín Barbero: “Los medios viven de los miedos” 2.

Resultado: nadamos en el mar de la anarquía, sin un norte, sin un protocolo de reducción de daños, sin garante, hoja de ruta o noción interior que nos indique: esto sí, por aquí no. Peor que el pueblo israelita bailando alrededor de un ídolo prefabricado, en medio del desierto y en auténtico vacío existencial, antes de la bajada de Moisés.

Está bien. La imagen retrasa dos milenios. No aceptemos viejos dogmas tallados en piedra. Si no lo hacemos nosotros, qué esperar de los chicos. Pero la realidad sigue empujando a buscar hacer algo… o a dormirnos esperando que San Juan llegue a ser tal como la Catamarca de María Soledad, el Chaco de los aborígenes masacrados o el Santiago del Estero de los disidentes desaparecidos. Total, ya tenemos tantas manchas y desaparecidos propios, que una más no nos hundirá tanto trecho hacia abajo en el fango. La ley de la clase media, reza en cada pasillo: Hay que cuidarse, preservar el quiosco que supimos conseguir. No hacer lío, salvo que sea Messi. Todo lo contrario de lo que dijo nuestro laureado papa argentino.

En el fondo, desde mi perspectiva de ciudadana común, hemos y seguimos fallando en lo más obvio: en todo y desde el principio.

Un sistema planetario orientado a presionar adultos ricos y pobres a correr como disciplinados Forest Gump. Corremos por la mejora económica, social, profesional o al menos por el pasto y la herradura. Un estado muchas veces ineficaz. Una Policía y una Salud Pública que no alcanzan para dar abasto. Frente a lo que todos sabemos: que la ambulancia nunca llegó al lugar de los hechos, que hubo negligencia policial, etc, etc, es mucho más tranquilizador decirnos: los padres de la menor atacada no debieron bañarla sin antes llevarla al hospital Rawson o a una seccional de policía. Pero pregunto: ¿Acaso saben ustedes cuando hay que esperar en cualquier seccional para hacer una denuncia? ¿Cuánto tarda el 911 en enviar ayuda? Haga la prueba, señora, señor, señorita. Le costará mucho más denunciar un hecho grave como violencia de género e infantil, que pedir un certificado de domicilio en la primera o en la cuarta.

En tanto, cuando el agua llegó al río, ¿qué sucede en los hospitales públicos? ¿Hay Kits de violaciones o de atención a víctimas como en la serie “La ley y el Orden”? ¿Existe al menos un profesional de guardia especializado casos especiales? Volviendo a la realidad nacional: ¿Existe disponibilidad real y suficiente de médicos, enfermeras, camas, insumos básicos?

Y si la culpa es de las “operaciones mediáticas” preguntaré: ¿Cuántas veces se han bajado notas sobre noches en la guardia del Rawson, por dar un ejemplo, en las redacciones de los medios con robustas pautas oficiales? Los conflictos médicos, sanitarios y de obras sociales están a la orden del día. No es novedad.

¡Ah, no! Lo que pasa es que la culpa es de las escuelas. Las maestras ya no son las de antes, no se preparan, no sirve la escuela pública, explica el manual de la polémica en el bar. Pero recordemos coterráneos, recordemos lo básico antes de buscar que las maestras sean profesoras universitarias con doctorados en Psicología de la Educación: hoy existen cientos de profesionales de gabinetes interdisciplinarios escolares, maniatados y desaparecidos de sus puestos de trabajo por obra y gracia ¿de qué? de la Ley de Emergencia Económica que no se derogó desde la época de Menem, y que viene al pelo si de seguir vulnerando la educación pública se trata. Meta programa aquí, meta subsidio allá. Hacen falta como las aspirinetas. Claro que alivian. Son pastillitas. Pero las maestras dicen a los periodistas: “Acá, el porro se ve a diario, la violencia doméstica es moneda corriente, el hambre está en el centro, no solo en escuelas urbano- marginales o rurales. Necesitamos gabinetes psicopedagógicos, educación emocional todo el tiempo, no a modo de antibiótico durante cinco días, cuando la sangre ha llegado al río”.

Sí, sí, señora, señor. En este gobierno nac & pop, la ley de hierro que dice: profesionales en las escuelas NO, es un regalito que atesoramos desde los nunca bien justipreciados años '90. A quejarse a la Cámpora, perdón, al campito.

Por último, para completar el cuadro, hace tanta falta bucear un poco en el indescifrable mundo que les toca vivir a los jóvenes: rápido, digital, brutal. Un paraje donde todo valor es relativo y todo lo que es profundo huele a naftalina. La moda del vacío entretenido, del consumo exprés que expelen los medios y su cerebro descarnado: el mercado, parece abarcar todo: la música que exuda sexualidad agresiva, la ropa anoréxica, los recorridos febriles, el lenguaje fragmentario, las comunicaciones mediatizadas, la ensalada mixta de roles familiares, el entronizamiento del placer. No sé lo que quiero pero lo quiero ya, dijo con toda razón Luca Prodan.

Estamos de este lado del péndulo. Este lugar que, luego de épicas luchas que tuvieron que dar nuestros abuelos para romper con petrificados fascismos y repugnantes modelos de autoridad patriarcal, nos legó el conocimiento de los traumas de infancia que descubrieron Freud y tantos otros. Y su contraparte, la iluminación de la inteligencia emocional y social que otorga la libertad y el aliento positivo hacia las actitudes naturales de los niños y jóvenes. Mayo del ’68, el mayo francés, perdió su batalla política y económica contra el ancient régime. Pero ganó la pulseada cultural. Estamos en el extremo más libertario y livianito del recorrido del péndulo. Y como se sabe, todos los extremos son malos.

A propósito de este vaivén: el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el argentino Gustavo Dessal explican en su reciente libro: “El retorno del péndulo”: “Lo que atormenta a los jóvenes de nuestros días ya no es el exceso de restricciones y prohibiciones insidiosas, temibles y demasiado reales, sino la abrumadora y vasta expansión de las opciones aparentemente abiertas por el don de la libertad consumista. Hoy, las ansiedades de los jóvenes y sus consecuentes sentimientos de inquietud e impaciencia, así como la urgencia por minimizar los riesgos, emanan por un lado de la aparente abundancia de opciones, y por otro del temor a hacer una mala elección, o al menos a no hacer "la mejor disponible"; en otras palabras, del horror a pasar por alto una oportunidad maravillosa cuando aún hay tiempo (fugaz) para aprovecharla.
A diferencia de lo que ocurría con sus padres y abuelos, que se criaron en el estadio "sólido" de la modernidad, orientado a productores y soldados, ahora las opciones recomendadas no adjuntan códigos de conducta perdurables o acreditados (por no hablar de perdurables y acreditados) que guíen a los electores por un itinerario infalible una vez que hacen su elección o aceptan obedientemente la opción recomendada. Nunca cesa de atormentarlos la idea de que el paso dado pueda (por poco) ser un error y que quizá sea (por poco) demasiado tarde para disminuir las consecuentes pérdidas, y mucho más para revocar la opción desafortunada. De ahí el resentimiento que suscita todo "largo plazo", ya sea la planificación de la vida propia o los compromisos con otros seres vivos”. 3

Desde la cancha mundialista nos lo explica en pocas palabras Adidas: Allin or nothing. O su variable más conocida de Nike: Just do it.

Está claro que el sistema legal debe aggiornarse a las nuevas redes sociales y a la inmediatez de las interacciones. Que la escuela debe incorporar los nuevos descubrimientos de la lingüística, las neurociencias, la psicología holística, la educación emocional y hasta el pensamiento espiritual de antiguas religiones revisitadas. Pero lo que no es posible, si con una mano en el corazón queremos obtener resultados diferentes, es seguir ignorando lo que estamos ignorando: resortes ya inventados, que como la rueda, podemos pasar como antorcha de padres a hijos. Resortes del Estado con sus instituciones, como un gabinete con una psicopedagoga en cada escuela primaria y secundaria. Como el valor de la amistad, del respeto. Uf, otra vez el olor a rancia naftalina, dirán. Y sí, es que si no tenemos un piso donde pararnos, nada tenemos como sociedad. No suena progresista, ni cool ni mucho menos moderno. Pero sin esto, programas aislados, campañas de cinco meses, cartelería, botones de pánico en el celu, son pastillitas para cuando la enfermedad tocó la puerta. Pildoritas de todos colores para dormir, para trabajar, para curar o para entonar las previas.

1- Beatriz Sarlo, Tiempo presente. Notas sobre el cambio de una cultura. Segunda Edición. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores, 2010, págs. 64-65.

2- Jesús Martín Barbero, Pretextos; Conversaciones sobre la comunicación y sus contextos. Cali, Editorial Universidad del Valle, 1996, p. 80.

3- Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal, El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido. Fondo de Cultura Económica, 2014.

Ni el tiro del final

Los operadores de la política local, arrimados a El Vale Todo Gioja por conveniencia y por negocios, especulaban con la posibilidad de que el Gobernador de San Juan integrara la fórmula presidencial en 2015 junto a Daniel Paz and Love Scioli.

Desde Casa de Gobierno pusieron en marcha un operativo para que los periodistas locales instalaran el tema. Se hizo valer toda la plata que el Estado provincial gasta en medios y comunicadores. Entonces sí, salió a la calle esa jauría de mercenarios a vociferar la buena nueva surgida desde el despacho de uno de los hombres de más peso: Walter Lima. Gioja sería el vice de Scioli, rezaban con la convicción de un religioso atormentado por la culpa.

El gobernador alguna vez soñó con la presidencia, luego con la vice. Finalmente esa tampoco salió y el tango volvió sobre la sombra escuálida y decadente del señor feudal: "Por eso en tu total fracaso de vivir, / ni el tiro del final te va a salir". Una pena, El Flaco se quedó con las ganas.

En realidad estoy obligado a pedir disculpas por llamar "periodistas" a esa caterva de empleados públicos caros y encubiertos. Bien podríamos llamarles Los Funebreros del Periodismo, porque enterraron el oficio hace rato y llevan el ataúd a cuestas en un total desconcierto, sin encontrar camposanto adonde enterrar definitivamente al periodismo.

Son ejemplares de una manada que practica la lisonja y la alcahuetería degradante. Ponen en practica una conducta bochornosa que dejó sin chances de sobrevivir al oficio.

Integran una gran familia. El Sindicato de Prensa nunca los defenderá de nada porque es manejado por peronistas que traicionaron el legado de la justicia social hace rato.

La ilusión efímera y vana de que El Vale Todo Gioja fuese candidato a vice se fue instalando en la provincia y en algunos medios nacionales también. La manada de funebreros había hecho bien su trabajo pero Cristina La Muchacha Progre les amargó la fiesta una tarde de otoño, cuando le impuso a Scioli un vice impresentable: Carlos El Chino Zannini. "Estás desorientado y no sabés / qué trole hay que tomar para seguir".

Las pretensiones que en otros años motivaron a Gioja fueron desmesuradas y delirantes. Todavía se recuerda aquel no muy lejano año en que hizo invitar a Mirtha Legrand y a Susana Giménez para la Fiesta Nacional del Sol. Vinieron pagadas por el Estado, es decir, por los pajarones y pajaronas que todavía cumplimos con los impuestos. El Vale Todo se mostró eufórico junto a estas dos baluartes de la derecha y la frivolidad.

Pero no hubo caso, ni así logró instalar su triste imagen de gobernador de provincia en los medios nacionales. "Quisiste con ternura, y el amor te devoró de atrás hasta el riñón. / Se rieron de tu abrazo y ahí nomas te hundieron con rencor todo el arpón".

Hasta le hicieron un himno ridículo que un tenor desafinado grabó con esmero inusitado y que sirvió para que en Buenos Aires se le burlaran durante una semana. La carcajada socarrona no cesaba, se divertían tanto los compañeros peronistas como los periodistas porteños que no entienden a veces el grotesco en el que se puede caer cuando se vive en una región poblada por borregos mansos y ovejunos.

No llegó a presidente pese a sus desmedidas aspiraciones que nunca hicieron pie en el escenario de la política nacional. "Y en este desencuentro con la fe / querés cruzar el mar y no podés".

Su nombre seguirá luciendo en las paredes de San Juan, en una suerte de arte callejero, berreta y adefesio. "Gioja Diputado Nacional", es lo que se lee en las tapias mal vestidas de una ciudad que no merece mucho más de lo que tiene.

De pretender la presidencia a caer en una diputación nacional que cualquier novato peronista puede conseguir hoy arrimándose a La Cámpora, hay un trecho que debería avergonzarlo.

En 2015 Gioja se sentó a esperar que gane Scioli, por si le tiraban algún ministerio, secretaría o embajada, pero eso tampoco sucedió.

Dicho está: siempre ha trabajado en esa militancia chica y mezquina, de medio pelo. La coyuntura ha sido su brújula y la condena a los pobres a seguir siendo pobres el resultado de su gestión. El señor y su gabinete multiplicaron a una legión de resignados que ellos mismos sometieron a la eterna espera de que las cosas un día sean mejor.

La historia argentina recogerá de Gioja poco y nada, queda el esperpento y la sombra; la sombra que ya pronto será.

Terminó su tercer mandato aclamado por el ciudadano borrego, aborrecido por extraños y detestado por los compañeros del PJ que aguardaban desde hace rato un cambio generacional. Para estos últimos, la espera fue exasperante, interminable y humillante.

Por eso todos querían que se vaya, que termine de una vez. Algunos alcahuetes especularon durante un tiempo con la idea de que sería el candidato a vicepresidente de Daniel Scioli. Por suerte no le salió, hubiese sido lamentable que se retirara con ese premio consuelo. Pero, como ya se dijo al comienzo, la salud le ha puesto un límite que no supo ponerle la Justicia local.

Ahora, si se me permite, seré todo lo franco que el Gobernador Gioja merece: El tango, una vez más, con música de Aníbal Troilo y letra de Cátulo Castillo, ha entrado en su estribillo final: "Por eso en tu total fracaso de vivir, / ni el tiro del final te va a salir".

Nota publicada en 2014.