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No cosas

Notas sobre No cosas, el nuevo libro del filósofo Byung - Chul Han.

Hace unos años, lenta, pero inexorablemente, nos viene llegando la obra del filósofo contemporáneo Byung - Chul Hang. Quizás, para el entendimiento de la academia, no se trate de un filosofo sino de un simple: divulgador pensador inscripto en la doxa de nuestra vida hoy, show stars de ideas no desarrolladas o simplemente esbozadas.

Lo cierto es que este filósofo escribe pequeños libros de iluminaciones muy precisas y con la particularidad que los puede leer todo el mundo.

Cualquiera que se haya encontrado con un libro de Byung - Chul Han, ha quedado reflexionando sobre las ideas que contiene.

Incluso, seguramente, lo ha comentado con sus amigos o colegas: No quedamos indiferentes ante esos temas tratados. Y así, la filosofía deviene en temas cotidianos. Como debe ser.

Este filósofo nacido en Seúl en 1956 estudió metalurgia (la técnica de la obtención y tratamiento de los metales desde los minerales metálicos) en la Universidad de Corea.

Luego en Alemania estudió filosofía en la Universidad de Friburgo y teología en la Universidad de Múnich.

Profundizó en el pensamiento de Heidegger y en la poética de Peter Handke, entre otros. Desde allí fue armando su pensamiento, su intuición del mundo. Un mundo que hoy se nos hace difícil pensarlo, hablarlo, entenderlo. Por eso la necesidad de personas que lo piensen. Que produzcan una reflexión sobre nuestro presente.

Con libros como La sociedad de la transparencia, Psicopolítica, La sociedad del cansancio, La agonía del eros, Byung - Chul Han ha sabido poner el foco en las problemáticas de este nuevo siglo.

En No cosas el rescate por lo analógico, por la materialidad, es algo que impera en un mundo dirigido hacia lo virtual, hacia las relaciones inexistentes de las redes, hacia lo tecnológico como problemática a solucionar: la "comunicación" a través del smartphone, el imperio de la información que se presta a la manipulación, cuestiones que devienen desde el panóptico de Foucault hacia un desplazamiento de un yo vigilante y represor, hacen de este libro una reflexión necesaria. Su claridad expositiva nos permite que sigamos su camino junto al autor.

Es necesario y urgente pensar en nuestro mundo hoy.

Decidir nuestra posición en la política, en la cultura, en la vida en su totalidad, y no dejar que nos digan, nos piensen y nos vendan algo que se parece mucha veces a la nada misma.

Zinaida

Año 1939: Moscú. El día después de la Conferencia de Directores de Escena, el gran renovador teatral y director Vsevolod Meyerhold es arrestado por la policía de Stalin.

Será sometido a sesiones de tortura que sobrepasan las 14 horas diarias. A los 67 años Meyerhold es obligado a firmar confesiones que lo declaran traidor a la patria, anticomunista, artista burgués y enloquecido, trokista, decadente.

El firma todas estas confesiones, pues no puede más de dolor. Luego hará todo lo posible por retractarse, pero Stalin no le dará tiempo, será fusilado un 27 de septiembre de 1939.

Meyerhold muere sin saber que su mujer, la actriz Zinaida Raikh, ha sido asesinada dos días después que a él se lo llevaran.

Hombres de civil entran a su departamento. El que comparte junto a Vsevolod. La degüellan. Luego se ensañan con el cadáver: le clavan quince puñaladas en el rostro. 

Hay un cadáver que habla

Yo, Zinaida Raikh. Cadáver perforado. Sin ojos. Sin boca. Puedo ver, puedo hablar. Yo que nunca creí en el realismo social.

Yo que amé a un hombre que no tenía límites. Que rompió todas las posibilidades del lugar común, que comprendió que las cosas primero pasan por el cuerpo, por la vida.

Yo, que si creí en la revolución, que amé el sueño de Lenín; no puedo creer, no puedo entender lo que pasó. Lo que nos pasó. Sólo sé. Que mi cuerpo quedará agujereado para la historia. Que mi pobre amor será fusilado eternamente. Y que el traidor, se agazapará detrás de numerosas palabras…

Taller de dirección teatral y puesta en escena a cargo de Juan Carlos Carta

Organizado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Capital, desde el 21 de febrero, Juan Carlos Carta ofrecerá un Taller de dirección teatral y puesta en escena en el Cine Teatro Municipal, situado en calle Mitre 41 este, Ciudad.

La propuesta está destinada a personas mayores de 18 años con experiencia escénica y estudios teatrales. El taller es anual y gratuito para los residentes en Capital.

Los contenidos que se abordarán son:
Dirección de actores
Análisis de textos
Iluminación
Espacio teatral
Puesta en escena
Montaje
Sonido
Teorías y estéticas de la Dirección Teatral.

Para inscribirte debes ingresar aquí.

Luis Alberto Spinetta

Hay seres que pasan por la vida leve, maravillosamente. Ellos dejan, cuando ya no están, un trazo luminoso detrás de sí.

Cuando los recordamos, o vemos su obra, o leemos sus textos, o escuchamos sus discos, brillan dándonos la certeza de que todo en esta vida no es más que un sueño. Son los chamanes, los brujos, los seres espirituales, de sueños de mujeres y hombres inmersos en este instante, este en el que respiramos, amamos, vivimos…

Luis Alberto Spinetta (1950 - 2012), fue uno de esos artistas que pasan así, dejando una estela de poesía. Haciendo con su arte un mundo mejor. Iluminando aquello que muchas veces, a la mayoría de las personas, se les escapa.

De joven, es ya el poeta que todos conoceríamos a lo largo de los años. A los 14 años compone la zamba Barro tal vez:
Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar.

Es decir, ese poeta que ya estaba tocado por las musas, por el fuego sagrado del artista, comprende muy pronto, casi niño, su motivo de estar en este mundo. Comprende que esa palabra, esa música que lleva dentro, se despliega y da forma a algo único e irrepetible.

Esa música será el abono de sus días. De todos nuestros días. Porque hay que decir algo: nosotros crecimos con él. Con ese flaco Spinetta que llenaba cada momento de nuestra juventud, de nuestra madurez. Puedo precisar momentos de mi vida con cada uno de los discos del flaco.

Somos miles los que podemos hacer eso. Porque cuando un poeta ha llegado a nuestra alma, ya no se irá. Nos trascenderá. Anidará en otros que vendrán a escuchar su poesía.

Yo sé…que a todos los que amamos al flaco, a cada uno, no nos alcanzan las palabras para describir lo que él dejó en nosotros.

Este día es algo de sal
Me dejó vibrando al nacer…

Canta Luis en su Canción para los días de la vida. Canta Spinetta y uno comprende. Él ha develado algo, en cada una de sus canciones. No hay violencia en el flaco. Ni estupidez. Ni intolerancia. Ni nada de lo que estamos acostumbrados en estos días.

Él vino para iluminar esas cosas que se nos escapan, para darle voz a esos seres dignos, a aquellos que se preparan para amar, cuidar y hacer frente a los avatares de un mundo cruel hecho por nosotros mismos. En cada una de sus canciones Luis deja de lado al lobo de Hobbes: "El hombre es el lobo del hombre: Homo homini lupus", y nos presenta la posibilidad de pensar un ser humano mejor.

Cada uno de sus momentos: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade, Spinetta y los Socios del Desierto, su labor como solista, son maravillas, regalos para el mundo de la música y de la poesía.

Hoy, cada 23 de enero, conmemoramos al Día Nacional del Músico en honor a la fecha de su nacimiento. Yo lo conmemoro en cada uno de mis días; estás en mí, estás en nosotros, eternamente, querido flaco Spinetta. Gracias.

Y si acaso no brillara el sol
y quedara yo atrapado aquí
no vería la razón
de seguir viviendo sin tu amor.

Inscripciones para el Taller de Escritura Creativa de Juan Carlos Carta

El taller será virtual y personalizado. Será dado por el prestigioso escritor y dramaturgo Juan Carlos Carta.

Para inscribirse, deberá enviarse un WhatsApp al 264 472 9607.

Narrativas de verano: Amigos

Ese día había llovido toda la tarde. Al llegar la noche se quedaron junto a la estufa. Habían caminado por el bosque y estaban empapados.

No se tenían más que a ellos, en toda la soledad del lugar. El viejo y su perro. El perro y su viejo.

El hombre preparó la cena para los dos y luego se quedaron junto a la estufa a leña: uno echado cerca del fuego, el otro mirando un libro antiguo y roto.

Habían pasado más de diez años así. Acompañándose. Creando una amistad que es difícil describir con palabras.

Alguno de los dos moriría primero. El otro, seguro, lo haría un tiempo después. Pero eso no importaba. Lo que se tenía era ese instante en que estaban vivos.

Ahora junto al fuego. Mañana ante la luz resplandeciente del día. La tierra blanda y oscura. Y el bosque cobijando.

Caminos de sueños en la obra de Hayao Miyazaki

Desde los comienzos del cine, la animación ha propuesto algo que no se podía medir ni en palabras ni en imágenes: un mundo onírico extraño, enlazado a lo profundo de los sueños en los seres humanos.

Es decir, si tuviésemos que hablar del cine animado, podríamos destacar dos caminos: uno de ellos es el que ha devenido en cine para niños, con magníficas realizaciones técnicas, desde la simple animación a las destrezas que hoy puede aportar la tecnología. El otro camino es más tenue, a veces, inhallable.

Es el que corresponde a los artesanos del arte de la animación, del guión no explicito; a aquellos que desde sus propuestas nos hacen repensar todo el arte cinematográfico.

En los segundos encontramos a Winsor McCay, por ejemplo, con su estupendo Little Nemo. La magia de figuras alargadas e imbuidas de una plasticidad única en el movimiento. O aquel otro, el canadiense Norman McLaren, perforando celuloide o pintándolo cuadro a cuadro, para lograr fantásticas ensoñaciones.

Entre estos últimos, fácilmente podemos ubicar en el podio mayor al japonés Hayao Miyazaki, destacándose tanto en sus dibujos como en el entramado, el tejido de sus historias. Y es que estas narraciones, justamente, se avienen al encuentro de un mundo onírico, salidas de lo profundo del inconsciente.

De un inconsciente colectivo, como el del pueblo japonés, que tiene mucho para dar, mucho para decir. Un pueblo cuya industria cinematográfica quedó totalmente destruida en la segunda guerra mundial; un pueblo que sufrió el horror de Nagasaki e Hiroshima. Un pueblo también que ha dado creadores de la magnitud de Yasujiro Ozu, un cineasta absolutamente preparado para narrar la historia de su nación en imágenes.

Miyazaki, el exquisito creador de obras fundamentales como La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro, El Castillo Ambulante, El viento se levanta, es un maestro indiscutible en el arte de la animación. Es además un cronista de esta época en que vivimos, donde no puede hablarse de discursos estereotipados y maniqueistas si se quiere hablar de la infancia, de la guerra, del individuo y la naturaleza.

Su obra, que comprende tanto lo fantástico como lo realista, se inscribe en las más profundas tradiciones japonesas, logrando desde ahí, un lenguaje absolutamente universal.

Es decir, Hayao Miyazaki ha vivido su historia y la de su pueblo. Desde allí traza y define sus ficciones: dibujos animados que pueden mostrar todas las emociones humanas: Viaja Chihiro hacia un lugar desconocido, como aquella Alicia de Lewis Carrol, donde las cosas y las personas aparecen y desaparecen, transformadas, como en un sueño.

En Mi vecino Totoro, dos hermanitas descubren el espíritu de un bosque. En su última película, El viento se levanta, se narra la historia de un diseñador de aviones desde su niñez.

Y siempre, Hayao Miyazaki, ha unido aquello que se nos presenta en el mundo sensible, con aquello que es territorio de ese otro mundo, el onírico, el del sueño, aquel que también nos pertenece.

Apuntes sobre Syd Barrett, creador de Pink Floyd

En la historia de las bandas hay muchas veces en sus comienzos un integrante que quedó en el camino. Aquel en el cual está la impronta de la estética del grupo.

Es el caso de Syd Barrett, líder del primer Pink Floyd, el que le puso el nombre a la banda. Aquel al que sus compañeros, cuando ya no pudo seguir por su consumo de LSD, llamaban Diamante.

La trascendencia de Syd en Pink Floyd no se limita solamente al momento en que él estuvo en el grupo, sino que se proyecta luego como entidad fantasmática en sus mejores obras. Siempre estaría presente como el gran personaje – fantasma – musa, de las producciones más creativas de la banda.

Roger Keit Barrett, más conocido como Syd Barrett, nació en Cambridge en 1946. A los 15 años ya tenía su primer guitarra eléctrica y había construido su primer amplificador. También creó su primer grupo: Geoff Mott and the Mottes.

Pero otro acontecimiento lo marcaría por esos años: la muerte de su padre. Y es que siempre el artista es una esponja de todo lo que va viviendo en su vida. La técnica se une a la vivencia. Entonces, ahí, nace su aporte al arte. Su sensibilidad está en esa unión. Muchas veces ese equilibrio necesario no puede establecerse. Este es el caso del joven Syd.

Más tarde, en Cambridge High School conocería a Roger Waters y a David Gilmour, quien le enseñó los primeros acordes y luego lo reemplazaría en Pink Floyd.

Ya creada la banda junto a Waters y otros compañeros, fue rápido el ascenso. Syd había propuesto el nombre de la formación: The Pink Floyd Sound, en honor a Pink Anderson y Floyd Council, dos músicos de blues.

Como decimos, fue rápido el crecimiento de la banda. Con la creación de sus dos primeras obras maestras The piper at the Gates of Dawn y A Sucerful of Secrets, Pink Floyd se aseguró inmediatamente un lugar entre las mejores bandas. Pero también fue el comienzo del ocaso de Syd. Sin poder evitar consumir LSD y con un comportamiento errático en los conciertos (muchas veces se quedaba quieto y en silencio en pleno recital) Barrett se fue ganando el rechazo del grupo.

Se tomó la decisión de dejar fuera al líder y mentor de la banda. Luego, el crecimiento de Pink Floyd sería imparable. Ya con el liderazgo de Roger Waters y la presencia esencial de David Gilmour, la banda se transformó en uno de los hechos fundamentales de la música contemporánea.

Pero nunca se fue del todo el fantasma de Syd Barrett. En álbumes como Wish You Were Here y The Wall, flota su presencia imperturbable. Aquel transgresor de todas las cuestiones, el que une a la locura y al arte, aparece en muchas de sus producciones.

Mucho tiempo después, en un ensayo del grupo, alguien se percató de un hombre pelado, gordo, que en las últimas butacas, asistía al encuentro. Era Syd Barrett. Ya muy lejano de todo. En otro espacio – tiempo. Como un espectro que viene del pasado a recordarnos lo que somos.

Lo que se parece a la vida misma

La estructura de Mama, de Li Dongmei, film chino realizado en 2020, narra siete días en la vida de una familia.

Asistimos a cada uno de esos días, desde una temporalidad lenta que nos hace entrar en ese lugar, en esa casa, en la vida de esas personas. La protagonista, una niña de 12 años, Xiaoxian, nos hace transitar junto ella durante esos siete días en donde la vida se manifiesta en su cotidianidad y su tragedia.

Una película que no utiliza más que aquello que se ve y se escucha en el lugar. En un tiempo moroso y en el vacío del paso de los días.

Excelente ópera prima. Cerca del cine que han ansiado los grandes directores, como por ejemplo Orson Wells, cuando decía que quería un cine que fuese una herramienta de la poesía.

Esta película dignifica al cine, es decir, se aleja de todas las fórmulas transitadas. Lejos de lo que se entiende como buen guion, del ritmo a través de la profusión de planos y montaje, de las actuaciones destacadas.

Al contrario, con pocos emplazamientos de cámara, cuidando mucho la fotografía, con actuaciones sobrias, ganando en atmósfera y haciendo que entremos en el espacio y el tiempo de los personajes, la directora crea un film de una belleza enorme. Este es el cine que importa. El que nos puede modificar. El que nos hace pensar.

Mama se puede ver por MUBI. Super recomendada.

Los primeros pasos

Era una habitación de seis o siete metros por tres. Tenía una puerta vieja de madera en la entrada y luego otra que daba al patio.

En la habitación había un baúl de donde sacábamos trapos o máscaras que él había construido. También uno o dos afiches de teatro alemán. Un cuadrito con un poema y un dibujo del amigo Alberto Sánchez.

Y luego tachos de luces hechos justamente con tarros de leche Nido. No más que eso. Pero a nosotros nos movía una pasión que es difícil de transmitir.

Todos los días desde las 15 horas hasta muy tarde en la noche acompañábamos a nuestro maestro.

Con el tiempo, Oscar Kümmel, nos dejó dar alguna clase para todos los alumnos que llegaban. Teníamos la idea de recorrer el país con una obra de mimos larga, a la que nuestro maestro le había puesto Angelino. Lo hicimos. La representamos en muchos lugares del país, incluido el Teatro Cervantes, que en estos días cumple años. No sabíamos de horas ni de días calurosos o con lluvia.

Si sabíamos que amábamos profundamente esa profesión. Yo tenía 16 años y sabía, gracias a él, que ya no me movería nunca más de ese espacio lleno de metáforas, de vida y de sueños, ese al que la gente conoce como "Teatro".